El libre pensamiento vs. La IA

¿Hasta qué punto seguimos pensando por nosotros mismos cuando una inteligencia artificial puede responder antes de que terminemos de formular la pregunta? A partir de Spinoza, Javier González Guzmán reflexiona sobre la libertad de pensamiento, la razón y el riesgo de convertir una herramienta en sustituto del juicio propio. Este artículo fue uno de los trabajos ganadores del Foro Interuniversitario de Ciudad Viva, realizado en el marco de la FILM.

Javier González Guzmán

10/2/20264 min read

La aparición de la Inteligencia Artificial (IA) se ha extendido a diversos ámbitos cotidianos; desde búsqueda de información para tareas del hogar hasta resolución de problemas inter e intrapersonales. Pasó de verse como un avance tecnológico que serviría como herramienta de consulta, a una especie de entidad que posee la solución de todos los problemas posibles. Y, como era de esperarse, empezó a generar polémica -o por lo menos a ser tema de discusión frecuente.

Algunos hablarán de satanizarla, otros la llevarán a un juicio ético y otros más la defenderán como si se tratara de una figura pública que sufre una cancelación inminente. Pero el campo que le interesa al presente trabajo es el académico. En concreto al libre pensamiento.

Para tener la perspectiva clara y entender cuál es la definición que se tiene de dicho concepto, recurramos a Spinoza, quien será el autor principal que sustentará lo que se expondrá en adelante. Empecemos con la definición de la Ética demostrada según el orden geométrico (2023) que dice: “VII. Se dice libre aquella cosa que existe por la sola necesidad de su naturaleza y es determinada por sí sola a obrar; en cambio, necesaria, o, mejor, coaccionada, aquella que es determinada por otra a existir y a operar según una razón cierta y determinada.”. Y aunque es cierto que el filósofo se refiere al hombre respecto a la sustancia (Dios), podríamos referirnos a otra relación, es decir, a la IA respecto al hombre.

En este orden, la inteligencia artificial, al tener ciertas limitaciones y paradigmas dentro de los cuales debe actuar, podemos decir que no es libre. Su programación está diseñada para dar respuestas que obtiene en la base de datos accesible de la misma red de internet. Y aunque puede mantener diálogos con los usuarios, existe una cierta normativa que le permite, o no, tener ciertas actitudes y comportamientos.

La IA, entonces, parece estar muy determinada por el ser humano, quien es aquel que le permite o no desarrollarse y quien le da una retroalimentación para que mejore sus servicios. Una cuestión que parece no darse en el ser humano. Pero, ¿esto quiere decir que el hombre sí es libre?, ¿que el libre pensamiento se da en consecuencia a nuestra libertad? La respuesta que se debe dar de inmediato es no. Pero desarrollémosla haciendo uso de otra cita de Spinoza, de su texto Tratado político (2023): “La libertad es, en efecto, una virtud o perfección, y, por consiguiente, todo lo que declara la impotencia del hombre no puede referirse a su libertad. Por ello en modo alguno puede decirse que el hombre sea libre porque pueda no existir o pueda no hacer uso de su razón, sino solo porque tiene el poder de existir y actuar según las leyes de la naturaleza humana.”.

En otras palabras, el hombre es libre cuando las decisiones que toma se rigen bajo las leyes naturales que le son inevitables y las humanas que lo regulan. No porque tenga la capacidad de salir de ellas a voluntad, o actuar conforme a sus propias fuerzas. Debemos aquí introducir dos términos que suelen causar agitación por lo complejo que es trabajar con ellos de forma dialéctica: razón y afectos.

El primero, siempre muy asociado a los racionalistas, en la Ética de Spinoza lo vemos clasificado como el segundo género del conocimiento, el cual nos permite hacer la adecuada unión entre las ideas con las propiedades de las cosas. De este, debemos decir que será el que nos dará, principalmente, la posibilidad de llegar al libre pensamiento. Más adelante seguiremos con esta idea.

El segundo, es fundamental en la filosofía spinozista. Los situó en posiciones centrales en varias de sus obras, llevándolos y poniéndolos en relieve en los campos de la ética, la política y la religión. Sobre estos, es importante mencionar que son los que logran modificar nuestros actos y que los tenemos en potencia para llevarnos a mayores o menores estados de perfección, dependiendo la situación.

Es importante mencionar que, aunque los separa en el ser humano, no deben entenderse enteramente como opuestos, más bien, los dos son elementos propios de todas las personas. De hecho, y siguiendo el tema que nos concierne, es la razón la que nos dará la posibilidad de ser libres pensadores, pues sin ella no seremos capaces de guiarnos en las leyes humanas. Pero, por otro lado, los afectos, al ser inseparables al ser humano, pueden causar un desequilibrio cuando no son mesurados.

Spinoza nos menciona que en ocasiones las personas no alcanzan la libertad por ser sometidas por el poder de otras personas. En ocasiones se controla por la posesión del cuerpo (afectos) y en otras, tanto cuerpo como mente (afectos y razón). Y al suceder esto, lo que se provoca es que el individuo se rija no por sus propios medios, sino por la normativa de quien lo controle.

Pero dejando de lado la parte formal del pensamiento de Spinoza y como conclusión del tema, digamos que la relevancia de su pensamiento es la posibilidad que nos da de replantear la influencia que tiene la IA en los estudiantes actuales. Y es que, más allá del peligro de condicionarlos a encontrar respuestas inmediatas, se está volviendo una fuente de control del pensamiento que guía el rumbo de lo que se determina como conocimiento, o por lo menos de la información que puede servir como material para un trabajo académico. Si su causa es consciente o no, sería tema de otro trabajo, pero lo que sí es seguro es que no es necesario hacer una investigación tan profunda para ver cómo las aulas se están plagando de pensadores dependientes.

Si bien no se está invitando a eliminarla por completo del ámbito académico, ya que como herramienta de apoyo puede ser muy útil, sí se invita a no caer en una entrega total de dictaminar la vida académica. En la cual el buen juicio, el criticismo, el análisis y la libertad de pensamiento se pierdan debido a la incapacidad de reconocer el sometimiento que se está viviendo en muchas instituciones académicas.

Las actitudes que los estudiantes tengan, deben estar completamente regidas por sus propias leyes, o sea, su propia normativa para que su razón pueda desarrollarse ampliamente. También se debe aceptar que ellos poseen afectos que en momentos los elevarán en excelencia, y otros los bajarán en rendimiento, pero que la unión de ambos es lo que los hará librepensadores.

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