La polarización de los polos

La discusión, sin embargo, va más allá del espectáculo. Europa atraviesa problemas políticos, sociales, económicos y culturales de fondo y eso ha acrecentado, aún más, la centralidad del continente americano como epicentro de lo occidental. América ha dejado de ser sólo un nodo periférico para convertirse, de hecho, en la matriz.

EL ÚLTIMO CRIOLLO

2/11/20262 min read

Me ha sorprendido la forma en que el halftime show del Super Bowl fue leído de maneras casi opuestas, incluso dentro de los mismos bandos que suelen presentarse como bloques homogéneos.

De un lado, sectores MAGA celebrándolo. En el contexto actual, con la tensión post-captura de Nicolás Maduro y el frente abierto con Cuba, algunos entendieron el espectáculo como un gesto de sometimiento continental hacia Estados Unidos: su bandera encabezando el desfile, la escenografía, el marco institucional del evento le sirvieron a este sector para confirmar su postura. Hubo quien habló, sin pudor, de lo que han llamado “Doctrina Donroe”, (con D de Donald) reinterpretada como confirmación simbólica del liderazgo norteamericano sobre el resto del continente.

Otros del mismo sector MAGA, en cambio, lo rechazaron frontalmente, no por el mensaje sino por el espacio. El Super Bowl: su ritual, su cultura, su fútbol americano. Siguen sin verlo como política, sino como invasión. Al ver a Ricky Martin cantando “no suelten la bandera ni olviden el lelolai, que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawaii” y a Lady Gaga cantando una versión salsa de su canción “Die with a smile”, ven la latinización de un país en el que, al menos en la narrativa común, ellos seguían siendo mayoría y los otros minoría.

Del otro lado ocurrió algo similar. Hubo “latinos” orgullosos, que leyeron el mensaje como uno de unión, visibilidad y afirmación identitaria. La irrupción y apropiamiento de un espacio tradicionalmente “gringo” y el golpe que podría esto significar para la administración de Donald Trump en el contexto de la alta actividad del ICE en Estados Unidos.

De ese mismo lado, también hubo “hispanos” (quienes últimamente han hecho particular énfasis en la autodenominación que eligen para distanciarse de quienes eligen la de “latinos”) profundamente incómodos, no con la presencia sino con la representación: con la idea de que los rasgos culturales que compartimos las regiones del Río Bravo hacia abajo quedaran reducidos a lo que consideran expresiones bajas, superficiales o fácilmente digeribles y reforzando su argumento con la idea de que, si el mensaje de verdad significara un ataque para las élites, no hubiera contado con la plataforma que las mismas elites ponen a disposición de estos artistas. En resumen, sostienen que expresiones como la del domingo lastiman a esta parte del mundo más que beneficiarla.

La discusión, sin embargo, va más allá del espectáculo. Europa atraviesa problemas políticos, sociales, económicos y culturales de fondo y eso ha acrecentado, aún más, la centralidad del continente americano como epicentro de lo occidental. América ha dejado de ser sólo un nodo periférico para convertirse, de hecho, en la matriz. Como siempre, hay dos Occidentes: el hispano y el anglosajón. Lo interesante no es sólo que convivan en un mismo escenario global, sino que ambos están internamente divididos. No hay un Occidente compacto, sino polos enfrentados dentro de cada tradición. La polarización ya no es entre civilizaciones, sino dentro de ellas. Y tal vez ese sea el verdadero mensaje que quedó flotando tras el espectáculo… no la unidad ni el sometimiento, sino el rasgo común de no ponerse de acuerdo.

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