Los retos de la era digital

Vivimos en una época de transformación acelerada, donde la tecnología está cambiando nuestra forma de trabajar, aprender y relacionarnos. La Cuarta Revolución Industrial plantea grandes oportunidades, pero también nuevos retos para la educación y los profesionistas. En este nuevo escenario, quizá nuestra herramienta más valiosa no sea la tecnología, sino nuestra capacidad de aprender, adaptarnos y pensar.

Román Aguirre

9/1/20264 min read

Los avances científicos y tecnológicos han experimentado un crecimiento exponencial durante los últimos años. La llegada de la Cuarta Revolución Industrial (4RI) ha traído cambios muy disruptivos para nuestra sociedad y ha transformado la forma en que las personas y organizaciones interactúan. Esta nueva era tecnológica se fundamenta principalmente en la ciencia de los datos, inteligencia artificial y la digitalización.

Es importante entender que este fenómeno no ha sido solamente una serie de innovaciones, sino un verdadero tsunami tecnológico. El impacto alcanza por igual a las naciones, a la economía, a la administración pública y a las empresas. Por esta razón, el papel de la educación en México resulta todavía mucho más relevante puesto que el cambio que vivimos a nivel mundial está impactando directamente a los profesionistas.

Frente a este panorama, las universidades tradicionales deben adaptarse a la nueva era. Esto implica crear nuevas carreras que respondan a las necesidades de los profesionistas del siglo XXI, algunas de estas son:

  • Especialistas en ciberataques

  • Defensores de la identidad virtual

  • Gerentes diseñadores de hogares inteligentes

  • Auditores de sesgos de algoritmos

  • Desarrolladores de autos voladores

  • Ingenieros en “datos basura”

  • Auditores de algoritmos

Además, en este contexto que vivimos, ya no será suficiente con cursar una carrera universitaria. El aprendizaje permanente (lifelong learning) debe de convertirse en una constante a lo largo de la vida profesional. Por ello el futuro profesionista deberá desarrollar múltiples habilidades y destrezas que le permitan adaptarse a los cambios tan bruscos que estamos presenciando.

En este sentido, un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) identifica múltiples habilidades competitivas que son básicas en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial. Estas se pueden agrupar en habilidades blandas (soft skills) y habilidades duras (hard skills), entre las que destacan las siguientes:

Habilidades blandas:

Socioemocionales: Adaptabilidad, flexibilidad, comunicación, trabajo en equipo, liderazgo, iniciativa, responsabilidad y manejo de las emociones.

Pensamiento creativo y analítico: Razonamiento, creatividad, análisis de problemas complejos y soluciones creativas.

Resolución de problemas complejos: Identificación, análisis y resolución de problemas mediante la integración de información y evaluación de diferentes alternativas.

Habilidades duras:

Habilidades CTIM/STEM: Conocimientos y capacidades en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas.

Administración de recursos: Gestión de recursos financieros, humanos, materiales y del tiempo.

Habilidades operativas y digitales: Operación, mantenimiento y reparación de equipos; programación; control de calidad; diseño de UX o experiencia de usuario.

Hay algo que me parece interesante: independientemente de la tecnología o de las herramientas sofisticadas que en algún momento pueden quedar obsoletas, la capacidad de adaptarse, aprender, resolver problemas y pensar críticamente debería prevalecer a lo largo de los siglos. De lo contrario, corremos el riesgo de caer en una nueva era de oscurantismo digital. Quizá, en medio de grandes avances tecnológicos, las habilidades humanas sean precisamente las que lleguen a convertirse en INVALUABLES.

ATRÉVETE A CUESTIONAR.

Muy bien, ahora que entendemos mejor el siglo tan diferente que nos tocó vivir, me considero un jugador de la 4RI. Hablando de habilidades competitivas, mi favorita es PENSAR.

No es algo nuevo decir que frente a este escenario tecnológico, las universidades ya no pueden limitarse a enseñar conceptos y esperar que sus alumnos los memoricen como si fueran robots. Si algo ha cambiado con la llegada de esta nueva era es la cantidad de información que tenemos al alcance. Pero tener acceso a información no significa necesariamente tener conocimiento, y mucho menos tener criterio.

Las redes sociales son quizá el mejor ejemplo de esta paradoja. Hoy prácticamente cualquier persona puede compartir una opinión, difundir información y convertirse en referente para otros, independientemente de su preparación o conocimiento sobre un tema.

Hoy en día, con demasiada facilidad aceptamos como verdad aquello que alguien afirma en la red, sin detenernos a cuestionar su origen, sus argumentos o la evidencia que lo respalda.

Insisto: esto que digo no es nada nuevo. Sin embargo, es importante REAFIRMAR y RECORDARLO a través del tiempo, porque al parecer, esta sociedad tiene MEMORIA DE TEFLÓN. En medio de esta enorme ola de información, muchas ideas, advertencias y aprendizajes terminan sepultados y olvidados, mientras el ruido de nuevas opiniones sin sustento vuelve a ocupar el espacio. Eso es lamentable. Muchos dirán “Es que esto siempre ha sido así”, pero póngase a pensar…ahora, con todos estos acontecimientos sucederá todavía con MÁS FUERZA.

El problema no es que todos tengamos una voz, pienso que el verdadero reto está en aprender a discernir entre información y conocimiento, entre aquello que parece cierto y aquello que carece de sustento. Es muy fácil caer en lo que una persona afirma, ya que lo que he logrado identificar es que los videos cortos de redes sociales (reels) son consumidos en cuestión de segundos, aparece una persona, dice algo que pareciera ser razonable y el usuario termina por creerlo completamente. Esto es una locura.

Por eso, desarrollar el pensamiento crítico se vuelve más importante que nunca. La educación en principio debe enseñar a pensar por nuestra propia cuenta, contrastar información, hacernos preguntas y construir un criterio propio. Esto pareciera que nos lo han dicho toda la vida, pero yo me pregunto ¿cuántas escuelas públicas en México enseñan de verdad el pensamiento crítico?

Kein Bain, en su libro: Super Courses, The Future of Teaching and Learning sugiere que algunos de los tópicos fundamentales que maestros de escuela y cualquier persona pueden emplear para desarrollar habilidades de pensamiento crítico son las siguientes: ¿Por qué hay muchas personas ricas y otras pobres, ¿Qué es lo que causa la guerra?, ¿Cómo puedo ser más creativo?, ¿Por qué los negocios fracasan o tienen éxito?, ¿Qué es lo que causa el cambio en la historia del ser humano?, ¿Por qué hay diferentes tipos de especies y plantas?, ¿Cómo puedo entenderme a mí mismo?, ¿Cuál es el propósito en mi vida?, ¿Cómo puedo calcular el área de una superficie?, ¿Cómo es que funciona el universo físico?, ¿Qué es lo que causa un desastre natural?.

Además, también señala que es importante dejar que los estudiantes fallen, reciban retroalimentación e intentar de nuevo antes de que cualquier persona haga un juicio acerca de su trabajo.

Quizá este sea uno de los grandes retos de la educación en la Cuarta Revolución Industrial: enseñarnos a pensar en un mundo que cada vez nos facilita más dejar de hacerlo.

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