Nosotros y la inteligencia artificial

La inteligencia artificial promete respuestas inmediatas, pero quizá la pregunta verdaderamente importante sea otra: ¿qué pasa con nosotros cuando dejamos de buscar, dudar y pensar por cuenta propia? Daniel Saab recorre nuestra relación histórica con la técnica para defender una idea tan antigua como vigente: ninguna herramienta puede sustituir la responsabilidad de conocer. Este texto fue uno de los trabajos ganadores del Foro Interuniversitario de Ciudad Viva, realizado en el marco de la FILM.

Daniel Saab Cendejas

10/2/20265 min read

No se pueden entender las sociedades si soslayamos sus normas morales, su relación con lo divino, su pasado y especialmente su desarrollo y convivencia con la tecnología. Desde la aparición de la imprenta en el siglo XV, hasta su evolución a la pantalla mediana y estática, es decir la televisión, y ahora actualmente con las pantallas pequeñas y móviles (la invención de la imprenta se relaciona con las pantallas o la revolución digital porque ambas son dispositivos que nos permiten conocer más, nos brindan información; leer Neil Postman The Dissapearence of Childhood) nuestra manera de actuar y comunicar ha cambiado casi sin precedentes (uno de ellos sería la aparición de la escritura sustituyendo esta a la palabra recitada en los tiempos homéricos). Ahora, desde la aparición del internet, los ordenadores y ahora los teléfonos móviles, nuestra manera de actuar en el mundo ha cambiado, y ahora con la llegada de la inteligencia artificial empieza otro cambio, con necesidades infinitas, la flecha del progreso seguirá avanzando, ¿hasta dónde? Bueno, esa pregunta escapa el alcance de este texto, pero será tarea del lector y de la lectora desarrollar sus pesquisas hasta donde su ingenio y sus fuerzas le lleven y le limiten como alguna vez sucedió con Julio Verne.

Inteligencia artificial, la palabra está en todas partes y en boca de todos, es mala, es buena, es útil, es increíble, es trampa, es fraude, es efectiva, está incompleta, y todo lo que podamos predicar de ella, estos accidentes todos tienen en cierto grado una participación con la verdad, pero son eso: accidentes. Sin embargo, yendo un paso más atrás, antes de la inteligencia artificial, ¿cuál era la definición de la inteligencia? ¿cómo definimos lo artificial? Entonces ¿qué es la inteligencia? ¿qué es lo artificial?

Creo firmemente que debemos emprender la búsqueda por la esencia de estas palabras que acompañan a la humanidad, porque, aunque exista mucha y diversa discusión en torno a ellas, aportan e importan en tanto que haya humanidad, ¿no es, acaso, la inteligencia una de tantas cosas que nos ha encaminado hasta este punto de nuestra historia? Y lo artificial parece caminar de la mano de la inteligencia. La inteligencia es artificial, la inteligencia es denominada, es descubierta y es creada simultáneamente por el ser humano, antes de él, antes de nuestra forma de vida tan compleja y sofisticada, hay vida, claro, existe cierto sentido y dirección en los seres unicelulares y pluricelulares, pero no es hasta que nosotros llegamos que nombramos inteligencia, ya estaba un germen ahí antes de nuestra llegada o devenir a este mundo, pero, tal vez, lo que no podemos nombrar no podemos descubrir, manipular y entender.

Un poco de etimología puede esclarecer nuestras algunas dudas: podemos entender lo artificial como lo hecho por mujeres y hombres; ars/artis: obra o trabajo que expresa mucha creatividad; facere: hacer; alis: relación o pertenencia.

Inteligencia artificial son las primeras hachas rudimentarias, los primeros utensilios hechos de barro, las primeras chozas; es la pala que no existía antes de nuestra llegada y que utilizamos para enterrar a nuestros seres queridos, son las máquinas que ingeniamos para tejer nuestra ropa, son las máquinas que seleccionan nuestros casi productos terminados. Todos estos vagos ejemplos son inteligencia artificial. Evidentemente, el núcleo, o el punto alrededor del cual gira la conversación es otro. ¿Qué sucede cuándo los depositarios del conocimiento pasan de ser los libros, estos finos y rudimentarios, pero también sofisticados instrumentos, que necesitan atención y tiempo nuestro, que necesitan un espacio tranquilo y libre de distracciones, que necesitan de nuestra madurez y sensatez para poder convivir con ellos y leer aquello que tienen que transmitirnos, que sus beneficios no suelen ocurrir de un momento para otro, sino que necesitan horas, días, semanas y repetición para que puedan transmitirnos aquello que contienen que suele ser muy valioso, pasan de ser lentos y mediatos a rápidos e “inmediatos”? Es una pregunta que vale la pena. ¿Qué sucede cuando creemos ingenuamente que aprendemos algo, que conocemos algo sólo porque lo pedimos a cualquier motor de inteligencia artificial, cuándo ya no tenemos paciencia, cuando ya no podemos controlar nuestro cuerpo y nuestra mente para sentarnos una hora pare leer, cuando creemos delegar una de esas cosas que nos hace especiales, i.e. la razón a una herramienta que no denuncio de ninguna manera, pero que es eso: una herramienta? ¿Un martillo puede clavar sin nosotros? ¿Una calculadora puede operar sin que nosotros le dictemos los dígitos? No y no.

La inteligencia artificial es una excelente herramienta; la inteligencia artificial es igual de problemática que un arma en Estados Unidos, es igual de problemática que un acordeón en un examen, igual de problemática que el internet, que la libertad, que la inteligencia. “La culpa querido Bruto, no recae en las estrellas / Sino en nosotros que estamos debajo de ellas”.

Ya no existe el poder absoluto de la Iglesia ni del Estado (Zygmunt Bauman Sociedad Líquida) (en la mayor parte del mundo), las mujeres han logrado igualarse a su contraparte masculina, el saber y conocimiento lo podemos encontrar ya no únicamente en las aulas de clase o en las bibliotecas del Estado, y sin embargo ¿qué hacemos con ello? Parece existir una relación inversamente proporcional con la técnica, esta avanza y nosotros nos volvemos más irresponsables de nuestro conocimiento, nos volvemos más indiferentes.

Una idea de la Ilustración; nos hemos vuelto menores de edad, nos hemos estancado en la inmadurez a pesar de que nuestros cuerpos se encuentren desarrollados. El tutor con el cetro del conocimiento es digital, es una app llamada Gemini o Perplexity, y el cetro se lo hemos otorgado nosotros, con prisa, sin vacilar, cándidamente… Una idea de la Ilustración: sapere aude, volvamos a atrevernos a conocer, a pensar por nosotros mismos, atrevámonos a perseguir la libertad y la verdad, atrevámonos a ser competentes, a ser responsables, a dejar la indolencia y la apatía. Volvamos a tener vergüenza a nuestra inagotable ignorancia, dejemos de ser mediocres, regresemos a esa vergüenza, que no gane el discurso de “leer no te hace mejor persona”, porque dependiendo de lo que leas y de tu condición y posibilidades socioeconómicas y tus valores adquiridos en casa, sí te hace mejor, así como tener una dieta sana y balanceada te hace mejor, así como caminar o hacer ejercicio treinta minutos al día te hace mejor, porque no solamente es la actividad física, sino la fuerza volitiva previa para decidir que vas a hacer algo bueno por tí. Regresemos a la duda y al asombro, a la infancia y a la exigencia, porque la inteligencia artificial puede parecercomo el mejor profesor del mundo, si no lo sabes utilizar, si no le sabes preguntar, si no le sabes pedir, no sabrás cómo recibir; también es importante notar que la inteligencia artificial vive todavía una fase incipiente y comete muchos errores. No nos dejemos engañar por nombres y títulos en luces neón “inteligencia artificial”, dudemos, preguntemos, investiguemos, estudiemos, porque estas dos palabras son un mundo por sí mismas, tienen mucho que ofrecer, mucho que aportar, y muchos problemas más que plantear y que si bien no logramos respuestas prontas o concretas, lo importante es ampliar el horizonte del pensamiento y de la investigación, sólo así será inteligencia y artificial.

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